Guardia Indígena.

Guardia indígena


“Somos diferentes, pero no indiferentes”

Así como los mayores y espíritus han defendido y cuidado el territorio como una tarea ancestral, la Guardia Indígena del Cauca , tiene como objetivo seguir el camino de vigilancia, control, alarma, protección y defensa de nuestra tierra en coordinación con las autoridades tradicionales y la comunidad, siendo así, guardianes de nuestra vida que promueven siempre la defensa de los derechos. Esta función de los guardias viene desde atrás en diferentes etapas:

·      Desde la época de la colonización, cuando nos invadieron y tuvimos que defendernos del invasor.
·      La época de Juan Tama: Reconstruyendo los resguardos, donde se da la vigilancia y la resistencia.
·      La época del nacimiento del CRIC, en 1971, con las recuperaciones de tierra donde la Guardia era la encargada de dar el grito de alarma frente al terrateniente.
·      Los congresos zonales y regionales que se han registrado en los territorios indígenas
·      Este camino nos permite analizar que nuestra labor tiene raíces fundamentales en el proceso de vida de las comunidades, por tal motivo, debemos valorarlo y defenderlo como lo han venido haciendo nuestros mayores.

La Guardia Indígena de los pueblos indígenas del Cauca, es un colectivo compuesto por niños, mujeres y adultos. Nuestro proceso de resistencia y pervivencia en nuestro territorio es el de la defensa de la vida y de la autonomía de los pueblos indígenas, enmarcados en el Plan de Vida y en respuesta a todos los factores de violencia que atentan contra el bienestar y la armonía de los niños, los jóvenes, los adultos y mayores: Basados en la ley de origen, el ejercicio del derecho propio y la Constitución Nacional Art. 7, 330 y 246.

La Guardia Indígena se concibe como organismo ancestral propio y como un instrumento de resistencia, unidad y autonomía en defensa del territorio y del plan de vida de las comunidades indígenas. No es una estructura policial, sino un mecanismo humanitario y de resistencia civil. Busca proteger y difundir su cultura ancestral y el ejercicio de derecho propio. Deriva su mandato de las propias asambleas, por lo que depende directamente de las autoridades indígenas. Surge para defenderse de todos los actores que agreden sus pueblos, pero solamente se defienden con su “chonta” o bastón de mando, lo cual le imprime un valor simbólico a la guardia.

La Guardia Indígena está en proceso de iniciar una formación permanente en temas como resistencia pacífica, legislación indígena, derechos humanos, estrategia y emergencias.

Entre las labores humanitarias se cuentan la búsqueda de desaparecidos, liberación de personas secuestradas y detenidas, acompañamiento y apoyo permanente a los cabildos, traslado de heridos y primeros auxilios, seguridad y protección de las movilizaciones, marchas, congresos, asambleas permanentes, protección de los sitios sagrados, entre otras. Además, alertan a la comunidad con un eficaz sistema de comunicación, que permite avisar oportunamente sobre riesgos de bombardeo, masacre o quedar en medio del combate. El control territorial se refleja con retenes ubicados a la entrada y salida de los resguardos.

Los guardias no reciben remuneración alguna, es un esfuerzo voluntario y consciente en defensa de su cosmovisión y de la pluriculturalidad. Lo anterior muestra un proceso contundente y un mensaje político importante en cuanto que es un símbolo de cómo la sociedad pone de manifiesto su autonomía y la defensa de la Constitución de 1991. Además, esta experiencia resalta una actitud de neutralidad positiva como también un mensaje de paz para el país.

“Guardar, cuidar, defender, preservar, pervivir, soñar los propios sueños, oír las propias voces, reír las propias risas, cantar los propios cantos, llorar las propias lágrimas” es la razón de su existencia.

Su eficacia ha quedado demostrada decenas de veces y tanto es así que en el año 2004 la guardia indígena recibió el Premio Nacional de Paz. Se lo dieron por muchas razones. Dos años antes habían impedido que la guerrilla tomara el municipio de Jámbalo. Un año después, 2.000 miembros de la guardia indígena se unieron para rescatar al misionero suizo Florián Arnold, que trabajaba con la comunidad y había sido secuestrado por las FARC. También salieron al encuentro de la guerrilla para exigir a la insurgencia que liberara a Arquímedes Vitonás, alcalde de Toribío. Lo consiguieron después de un largo viaje hasta dar con el frente guerrillero que había secuestrado a su autoridad. La Guardia reaccionó igualmente al goteo continuo de asesinatos por parte de los paramilitares advirtiéndoles que no iban a permitir más muertos. Consiguieron que cesaran sus masacres. Otro capítulo destacado se produjo en el año 2009. “Las FARC derribaron un helicóptero cargado de dinero de un banco agrario de la zona. Cayó en territorio indígena. La guerrilla llegó al lugar, quiso matar al piloto, incendiar el aparato y llevarse el dinero, pero la guardia no sólo lo impidió, sino que devolvió el dinero”, me cuenta orgulloso Vicente Otero, responsable del programa de comunicaciones del Consejo Regional Indígena – CRIC.

























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